Originalmente, la tasa de conversión es un concepto de química que designa la fracción de un reactivo que reacciona durante una reacción química.

La conversión es un concepto amplio de marketing que designa la proporción de visitantes o destinatarios de una campaña que ha realizado una acción deseada.

La conversión de un usuario significa que el usuario ha realizado la acción solicitada (por ejemplo: crear una cuenta, comprar en línea, visitar la tienda, etc.).

Para un sitio comercial, la tasa de conversión puede ser la relación entre compradores y visitantes (o entre pedidos de compra y visitas). Para una campaña de mailing, esta será la relación entre el número de visitas generadas y el número de correos electrónicos enviados.

Por lo tanto, esta noción no es necesariamente comercializable y depende del contexto. Además, este porcentaje tiene un valor intrínsecamente pequeño, y lo más interesante es medir la evolución a través de diferentes iteraciones de producto.

Por ejemplo:

  • Reducir el número de campos en un formulario, hacer que un CTA sea más visible o mejorar el UX de una página de inicio son evoluciones que probablemente mejoren la tasa de conversión y, por lo tanto, tienden a un objetivo fijo.
  • Por el contrario, si se observa una disminución en la tasa de conversión, se pueden plantear cuestiones de rendimiento, deficiencias a nivel de UX o una mala perspectiva para diagnosticar la caída en la efectividad del producto.

También se debe tener en cuenta que difiere del concepto de «activación» que se encuentra en el marco AARRR. Este último corresponde a un primer uso del producto que se considera realizado. La noción de conversión es, pues, más bien entre las dos primeras «A»s.

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